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BARCELONA. Playas que van y vienen

Normalmente, cuando se camina con un grupo por una ciudad, el guía ha de ir delante. Pero si al lugar que se quiere llegar está en línea recta, como era en este caso, se puede decir al grupo que cada uno vaya a su ritmo y encontrarnos unos minutos después en el destino acordado. 

Ese fue el caso ese día cuando varios estudiantes, junto con algunos profesores, se adelantaron visiblemente emocionados por ir al mar. Para muchos sería la primera vez que pisaban la playa. 

Yo iba caminando tranquilamente, conversando con un pequeño grupo formado por algunos estudiantes y profesores. Cuando estábamos ya bastante cerca de la playa, me sorprendió ver cómo quienes se habían adelantado impacientes por ir al agua, ni siquiera habían ido a la arena. Les veía de lejos cómo se quedaban en el paseo marítimo y no bajaban a la playa. 

Cuando estuve lo suficientemente cerca como para verles las caras, vi en sus rostros una expresión de shock y les pregunté.

—¿Qué ocurre?— Muy extrañados, me preguntaron por qué les había llevado a una playa nudista.

—No, no es una playa nudista. Lo que ocurre es que, como ya os he comentado, en España es muy común para hacer topless en la playa. Pero eso no lo consideramos nudismo.

—Ya, pero ¡esto es más que topless!

—¿A qué os referís?

—¡A que muchas personas, hombres sobre todo, están completamente desnudos!

¡Tierra trágame! Tenían razón. Cuando por fin presté atención a las personas que estaban en la arena, comprobé que mis estudiantes estaban en lo cierto. La gran mayoría de las personas en esa playa eran hombres y estaban desnudos. Se trataba de una playa nudista gay, con sus banderas de colores del arcoiris y todo.

Yo sabía que había playas nudistas gays en Barcelona, pero pensé que estaban en otra zona…craso error.

Tras hacer algunas bromas para relajar el ambiente, les dije que sí se sentían incómodos en esa playa simplemente tendrían que caminar hacia la derecha o hacia la izquierda hasta llegar a otras playas. Accedieron. Me despedí de ellos y emprendí mi rumbo directo al hotel.

De camino, se me ocurrió llamar a un amigo mío de Barcelona. Cuando le conté lo ocurrido, se echó a reír y me explicó que si bien normalmente la playa nudista gay estaba donde yo creía, a causa de unas obras de mantenimiento en esa playa, la habían trasladado a la playa donde yo había llevado a mi grupo.

Nos reímos mucho con esa anécdota, especialmente yo, al recordar la carita de esos chavales cuando vieron a todos esos hombres sin más vestimenta que el bronceado que llevaban horas trabajándose. Y también corroboré la importancia de asegurarse dónde se va a llevar a un grupo. Así como de los cambios que van aconteciendo en los diferentes lugares. Cambios de playa, estaciones de metro cerradas, calles cortadas, obras, etc.

Afortunadamente, a pesar de que esta sorpresa nudista había pillado desprevenidos a los profesores y a los estudiantes, a nadie realmente parecía haberle molestado. 

Me sentí afortunada, ya que a veces en los grupos hay personas con unos niveles de puritanismo extremo a los que una anécdota como la que vivimos les puede resultar hasta una ofensa. No fue el caso, eran canadienses con poca experiencia en viajes pero no excesivamente susceptibles.

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