Así estaría la pobre mujer


MADRID. No me quiero ir

 

No me quiero ir. Madrid

Madrid, 5 de la madrugada, final de un tour de 10 días recorriendo España con un grupo de adolescentes y profesores norteamericanos.

Están todos preparados para subir al autobús que les llevará al aeropuerto, el guía cuenta para asegurarse de que no falta nadie  y comprueba que una persona no está: la profesora responsable de una parte del grupo.

El guía llama a la habitación por teléfono pero nadie responde, después a su puerta pero tampoco contesta, así que va a recepción y pide al personal del hotel que abran la habitación porque algo raro ocurre. Suben, abren la puerta y se encuentran a la profesora sentada en la cama diciendo que no se va, que se queda en España.

Mi compañero se queda un poco en shock al escuchar la frase pero le recuerda que ella es la responsable de que los estudiantes regresen a sus casas sanos y salvos. Y, por tanto, su obligación moral y legal es acompañarlos aunque no tenga ninguna gana. Tampoco reacciona antes estas palabras.. El guía entonces le recuerda que antes de salir de viaje ella firmó unos documentos responsabilizándose de los estudiantes, la profesora asiente pero se sigue negando. 

Su negativa es de tal grado que mi compañero decide llamar al número de emergencias de la empresa y, entre ambos, deciden que no queda otra que romper las normas y pedir a algún adulto del tour que tome la responsabilidad de la profesora. Afortunadamente, la madre de una estudiante que viajaba en el tour accede a hacerse cargo del grupo. 

Y es que hay situaciones donde no hay más opción que romper las normas. Y también hay veces que un lugar gusta tanto que uno no quiere irse de allí. O quizá lo que te espere en casa se te hace demasiado duro, quién sabe. El caso es que siempre me quedé con la intriga de saber qué habrá sido de aquella mujer.

Todo eso ocurrió sin ni tan siquiera haber desayunado… Y es que un tour no se acaba hasta que han pasado la puerta de embarque, por lo menos.

 

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