Delfi selfie

Grecia. Y ahora ¿cómo entro?

Mi primer tour, 23 días, 24 ciudades, varios países…

 ¡Qué valiente fue mi jefe de aquella época Jorge Traver ofreciéndome el famoso tour llamado El Mediterráneo! 

A veces pienso que gracias a este “tour iniciático” me di cuenta de estar hecha para este trabajo. ¡Tantas aventuras y tantas ganas de vivirlas!

Lo que cuento hoy sucedió en un viaje de estudiantes y profesores de Estados Unidos durante un circuito que empezaba en España y terminaba en Grecia. La mayoría de los lugares que visitaríamos serían tan nuevos para mí como para mi grupo… 

Afortunadamente, a mitad de tour, en Roma, conocí a una compañera que iría en paralelo conmigo en Italia y Grecia. Lo que significaba que nos veríamos en varias ciudades y monumentos, y yo lo agradecí inmensamente.

La anécdota que relato ocurrió en un pequeño pueblo turístico de la zona de Meteora, en Grecia. Meteora me resultó uno de los lugares más especiales de los que había conocido. Su nombre significa «rocas en el aire», y son precisamente estas fascinantes formaciones rocosas las que le dan ese aire tan particular a la zona junto con sus monasterios colgantes de varios siglos de antigüedad.

Además del peculiar paisaje rocoso me gustó mucho el ambiente relajado en la calle: cafeterías, bares, restaurantes tiendas, y heladerías llenas de gentes de todas las edades. Al puro estilo Mediterráneo.

Tras cenar con el grupo en uno de esos céntricos restaurantes fui a tomar algo con Pamela, la compañera con la que viajaba en paralelo. Al regresar a mi hotel, cerca de la medianoche, la entrada estaba cerrada y yo no tenía llave, ni de mi habitación ni del portal… 

Me preocupé y me reí en igual medida (risas fomentadas por el vino que había tomado con Pamela…). Miré a la fachada del pequeño hotel familiar y observé  que varios de mis estudiantes estaban asomados al balcón. Nada más verme empezaron a saludarme. 

Meteora_monasterio_Fotor

Les expliqué lo que ocurría estilo Romeo y Julieta. Unos me decían que empujara fuerte, que ellos habían entrado así hacía un rato. Lo intenté varias veces sin éxito hasta que se me ocurrió preguntarles si en sus llaves estaba también la del portal. Contestaron que no y pensaron que quizá la llave del cuarto abriría también el portal. Así que los chicos de una de las habitaciones me lanzaron sus llaves por si podía abrir el portal con ellas.

Nada más tirarla se percataron de que ahora estaban encerrados al haber echado la llave por dentro antes de lanzarla… Estupendo, pensé. 

De repente recordé que horas antes, al entrar por primera vez al hotel, había visto detrás de recepción una puerta entornada que me pareció que daba a un salón familiar. Mi salvación pensé, alguien habría en ese hotel que me pudiera abrir y entregar mi llave.

Pedí entonces a mis estudiantes si podía bajar alguno y llamar a la mencionada puerta. Una chica muy dispuesta se ofreció a ello enseguida. Desde la puerta del portal de cristal divisaba la escena: mi solícita salvadora bajó por las escaleras, se acercó a saludarme, nos sonreímos y después llamó a la puerta junto a recepción. Tardaron en abrir. Finalmente atendió una señora mayor, vestida de negro, que salió muy enfadada y comenzó a maldecirnos en griego, cosa que imponía bastante. 

 

Hasta ese momento yo desconocía que era capaz de entender griego, pero sinceramente comprendí la bronca que me echaba la mujer. 

Según ella no se podía llegar a esas horas. ¡Medianoche en verano! Pensaba yo… También me propinó algún insulto o al menos esa sensación me quedó. Yo le pedía disculpas en inglés mientras me daba cuenta de que no me entendía o no quería entenderme. 

Tras algunos minutos, por fin, y muy a regañadientes, la mujer me dio la llave de mi habitación.  

 

Meteora pueblo_Fotor

Yo se lo agradecí en griego (hasta ahí sí llegaba mi escaso conocimiento heleno) y subí. Primero a abrir a los chicos que se habían quedado encerrados y, después a mi habitación. Eso sí, tras haber dado las gracias inmensamente a la solícita estudiante. 

A la mañana siguiente, en el desayuno, ya todo mi grupo se había enterado de lo acontecido durante la noche y comenzaron a llamarme de modo cariñoso trouble maker. Lo que podría traducirse como “lianta”. Nos reímos mucho recordando la escena. 

A partir de ese día, cada vez que me alojo en un pequeño hotel familiar, me aseguro muy bien de saber cómo poder entrar, independientemente de la hora

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