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MADRID. Girl Scouts y bidé

Desde que me asignaron este tour supe que sería peculiar ya que viajaría con un grupo de profesoras de Girl Scouts.

Yo apenas tenía idea de qué era esa organización hasta que investigué para este viaje. Algo sabía sobre los Boy Scouts, que son niños que hacen excursiones al campo, uniformados, y que tienen ciertos ritos y normas, poco más.

Lo que descubrí de la versión fememina me sorprendió muy gratamente: la misión de las Girl Scouts es empoderar a mujeres desde niñas para hacerlas fuertes, competentes, con inteligencia emocional, salud física y mental, etc. Y funcionan con un sistema parecido al apadrinamiento

Pues bien, primera noche de tour me encontraba con mi grupo de 40 mujeres Girl Scouts (y un hombre) en el Metro de Madrid volviendo al hotel cuando comenzó la primera anécdota.

Estaba sentada en una zona del vagón junto con unas 6-7 Girl Scouts cuando una de ellas, a mi lado, me dijo que si podía hacerme una pregunta.

—Claro, para eso estoy.

—¿Me puedes explicar cómo se utiliza un bidé? Es que en los viajes que haga con «mis chicas» me lo van a preguntar y se lo quiero explicar bien.

Mi primera reacción fue reírme. Pero ella tenía el rostro serio y se notaba que de verdad quería una respuesta.

El resto dGirl Scouts que estaban a nuestro lado y habían escuchado la pregunta se unieron a la petición. Entonces, miré alrededor y vi que la mayoría de las personas del vagón eran las mujeres de mi grupo. Así que ni corta ni perezosa me levanté y comencé mi clase magistral sobre la utilización del bidé. Con la ropa puesta…

Primero lo explique verbalmente y después con mímica, mostrando la utilidad del bidé en sus distintas posiciones. Yo ya sabía que en la cultura anglosajona en el uso del bidé se queda en alguna película y poco más. Sencillamente no tienen. Sin embargo, en países como España, Francia, Italia o Portugal es un elemento muy común.

Cuando me di la vuelta para aclarar que se podía utilizar de ambos lados me llevé una sorpresa: mi imagen se reflejaba en el cristal del vagón y el resto de los pasajeros, además de «mis Girl Scouts», observaban ojipláticos mi bizarro actuar.

El ataque de risa fue épico, así como la vergüenza que me dio al verme protagonizando semejante escena. Me senté y seguimos riéndonos sin poder parar hasta que en pocos minutos llegamos a nuestra parada .

Ya en el andén el resto de Girl Scouts se acercaron y me pidieron que les explicara lo ocurrido en mi parte del vagón. Como pude, entre muchas risas, se lo conté. Y entonces no se les ocurrió otra cosa que suplicarme que enseñara a todas cómo utilizar un bidé. 

Bidet-dibuto

Contesté que sería mejor continuar con la clase magistral en el hotel porque la recepción era muy grande y quizá allí podríamos encontrar una zona donde hacer la demostración con cierta discreción… Les dije esto pensando que su petición era una broma y se les olvidaría en cuanto llegáramos en el hotel. Pero no fue así. Ya en recepción todas esas mujeres (y el hombre) me rogaban que les diera las explicaciones pertinentes. Yo me debatía y me daba vergüenza pero también me estaba divirtiendo mucho y, además no era una tontería lo que me pedían. Así que accedí y comenzó el delirio.

Les pedí que me rodearan para que nadie fuera de nuestro grupo viera semejante actuación. Eso hicieron, y yo viví uno de los momentos más disparatados de mi vida en tour: verme rodeada por cuarenta mujeres (y un hombre) explicándoles la utilización del bidé y respondiendo a sus preguntas del tipo:

— El chorro, ¿por dónde sale?

— ¿Qué se siente?

— ¿Hace daño o es agradable?

— ¿Qué ocurre si sale por arriba? ¿Y por abajo? Etc…

Yo estaba sembrada y no podía parar de hacer bromas y comentarios, lo que contribuyó a que fuera una noche memorable y delirante. Al día siguiente varias de las mujeres me agradecieron mi actuación, tanto por las risas como porque habían practicado en el bidé de su habitación y les había gustado mucho la experiencia. A otras les resultó muy extraño.

Una de las cosas más curiosas fue cuando al cabo de unos días, ya terminado el tour, recibí un mensaje de una de ellas pidiéndome que le confirmara si el bidé se utilizaba con toda la ropa puesta o solo con una parte… También quería saber en qué circunstancias se usaban los bidés. A gusto del consumidor, creo recordar que contesté…

Cuando ocurrió esta anécdota yo ya llevaba muchos años de guía y pensaba que ya había explicado todo lo que se puede explicar en un tour. Pero no, aquella noche fue un recordatorio de cómo nunca deja de sorprender las cosas tan dispares que se viven en esta curiosa profesión.

Foto de Madrid Carlos Zurita

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