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MADRID. Girl Scouts y bidé

Sabía que este tour iba a ser peculiar porque sería con un grupo de profesoras de Girl Scouts.

Yo apenas tenía idea de qué era esa organización hasta que me asignaron el tour y comencé a investigar. Tenía alguna noción sobre los Boy Scouts, sabía que hacían excursiones al campo, iban de uniforme y que tenían ciertos ritos y normas, pero poco más.

Lo que descubrí de la versión fememina de esta organización me sorprendió gratamente: la misión de las Girl Scouts es empoderar a mujeres desde que son niñas para hacerlas fuertes, competentes, con inteligencia emocional, salud física y mental, etcétera. Y funcionan con un sistema parecido al apadrinamiento

Pues bien, me encontraba con mi grupo de 40 mujeres Girl Scouts (y, además, un hombre) en el Metro de Madrid volviendo al hotel cuando comenzó la primera anécdota.

Estaba sentada en una zona del vagón junto con unas 6-7 Girl Scouts cuando una de ellas, que estaba a mi lado, me dijo que si podía hacerme una pregunta.

—Claro, para eso estoy.

—¿Me puedes explicar cómo se utiliza un bidé? Es que sé que en los viajes que haga con «mis chicas» me van a preguntar y se lo quiero explicar bien.

Mi primera reacción fue reírme. Pero ella tenía el rostro serio y se notaba que de verdad quería una respuesta.

El resto de las Girl Scouts que estaban a nuestro lado y habían escuchado la pregunta, se unieron a la petición de la explicación del uso del bidé. Entonces, miré alrededor y vi que la mayoría de las personas del vagón eran las mujeres de mi grupo. Así que ni corta ni perezosa me levanté y comencé mi clase magistral sobre bidés.

Primero explique verbalmente y después con mímica, mostrando la utilidad del bidé en sus distintas posiciones.

Cuando me di la vuelta para aclarar que se podía utilizar de ambos lados, me llevé una gran sorpresa. Mi imagen se reflejaba en el cristal del vagón y el resto de los pasajeros, además de «mis Girl Scouts», estaban ojipláticos observando mi bizarro actuar.

El ataque de risa fue épico, así como la vergüenza que me dio al verme protagonizando semejante escena. Me senté y seguimos riéndonos sin poder parar hasta que en pocos minutos llegó nuestra parada .

Ya en el andén, el resto de las Girl Scouts se me acercaron y me pidieron que les explicara lo ocurrido en mi parte del vagón. Como pude, entre muchas risas, se lo expliqué. Y entonces me pidieron por favor que enseñara a todas cómo utilizar un bidé. 

Bidet-dibuto

Contesté que sería mejor continuar con la clase de bidés en el hotel

La recepción era muy grande y quizá allí podríamos encontrar una zona donde hacer la demostración con cierta discreción… Les dije esto también pensando que se trataría de una broma y se les olvidaría en cuanto estuviéramos en el hotel.

Pero no fue así. Al llegar a la recepción, todas esas mujeres (y el hombre) me rogaron que les diera las explicaciones pertinentes. Y fue aquí cuando comenzó el delirio.

Les pedí que al menos me rodearan para que nadie fuera de nuestro grupo viera semejante actuación. Eso hicieron, y con ello viví probablemente uno de los momentos más disparatados de mi vida en tour: verme rodeada por unas cuarenta mujeres (y un hombre) explicándoles la utilización del bidé y respondiendo a sus preguntas del tipo:

—El chorro, ¿por dónde sale?

¿Qué se siente?

—¿Hace daño o es agradable?

¿Qué ocurre si sale por arriba? ¿Y por abajo? Etc.

Yo estaba sembrada y no podía parar de hacer bromas y comentarios, lo que contribuyó a que fuera una noche memorable y delirante.

Al día siguiente, varias de las mujeres me agradecieron mi actuación. 

Una de las cosas más curiosas fue cuando, al cabo de unos días, ya terminado el tour, recibí un mensaje de una de ellas pidiéndome que le confirmara si el bidé se utilizaba con toda la ropa puesta o solo con una parte. También quería saber en qué circunstancias se usaban los bidés. A gusto del consumidor, creo recordar que contesté.

Cuando ocurrió esta anécdota yo ya llevaba muchos años cómo guía y pensaba que “ya había explicado todo lo que se tiene que explicar en tour”. Sin embargo, ese día fue un recordatorio de cómo un guía en realidad nunca deja de sorprenderse de las cosas tan dispares que se viven en esta profesión.

Foto de Madrid Carlos Zurita

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