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PROVENZA. Encierro peculiar

En este tour visitaríamos diferentes ciudades en España, Francia e Italia durante dos semanas. Era un grupo de norteamericanos, unos 30 estudiantes y 10 adultos. La anécdota que contaré ocurrió en un hotel del sur de Francia.

Ese día habíamos visitado Aviñón. Famosa ciudad francesa por varios motivos: 

-un impresionante palacio papal gótico asentado en piedra, 

-el río Ródano y su puente sobre el que existe una famosa canción infantil;  

-sus murallas medievales

-el festival de artes escénicas, uno de los más importantes de Europa.

El hotel, en las afueras de Aviñón. Aunque para ser más exactos aclararé que estaba en medio de la carretera. Era un hotel familiar sin demasiadas pretensiones ni comodidades.

Tras la cena en el restaurante del hotel fui a recepción para ver cómo iban a despertar al grupo al día siguiente. Y es que en este hotel, como en algunos de este estilo, no había teléfono en las habitaciones. 

El despertador tendría que ser manual literalmente: un empleado iría por la mañana tocando cada puerta. Estaba hablando de eso con mi incipiente francés cuando apareció una estudiante diciéndome que tenían un problema: su compañera de habitación se había quedado encerrada en el baño.

Afortunadamente en ese año yo había empezado a aprender francés, por internet (escuchando podcasts), y era capaz de comunicarme. Cosa de lo que me alegré inmensamente porque el personal de este hotel no hablaba apenas inglés.

Fui a la habitación de mis estudiantes para ver cómo estaba la situación (previamente había contactado con la profesora responsable para que viniera conmigo). Comprobamos aliviadas que, a pesar del encierro de la chica, esta no había entrado en pánico. Además, tenía el móvil con ella y le mantenía entretenida.

Una vez analizada la situación fui a buscar al dueño del hotel y le expliqué lo sucedido.

Para mi gran sorpresa contestó diciendo que no podían hacer nada hasta el día siguiente que viniera el cerrajero. Supongo que mis ojos abiertos como platos demostraban que de ninguna manera iba a aceptarlo.

Era impensable dejar a una adolescente  toda la noche encerrada en un baño.  Sí o sí tendríamos que resolverlo esa noche: o bien llamaba a un cerrajero de urgencia

tendría que desmontar él la cerradura o llamara a la policía.

Me dijo que herramientas sí tenía pero que no iban a funcionar para ese tipo de puerta. Y yo me preguntaba si tal certeza se debería a que no había sido la primera vez que alguien se quedaba encerrado en los baños de su hotel…Era increíble; no se le veía dispuesto a hacer nada para solucionar el problema

Afortunadamente, en ese momento su mujer se encontraba en recepción, escuchó nuestra discusión y estuvo de acuerdo conmigo en que había que solucionarlo esta noche «aunque tuviéramos que tirar la puerta abajo para conseguirlo», añadió. Y fue así como entre las dos logramos convencer al dueño a coger las herramientas e ir a la habitación para desmontar la cerradura.

Una vez allí, expliqué el plan a la profesora y a la estudiante del otro lado de la puerta. Al cabo de unos minutos, viendo que no era posible desmontar la cerradura con esas herramientas, vimos como única solución tirar la puerta abajo.

Felizmente, el baño tenía bañera, así que pedimos a la chica que se metiera en la bañera por seguridad. Y que se protegiera la cabeza con los brazos y manos porque íbamos a dar una patada para tirar la puerta abajo.

Fue el dueño del hotel quien dio la patada, y lo hizo con tal fuerza —y la puerta era de tan mala calidad—, que cayó literalmente de un golpe sin que la chica sufriera el mínimo daño.

La escena había sido bastante surrealista. Menos el dueño, los demás estábamos muy calmados y de buen humor. Él parecía enfadado, como si el encierro hubiera sido culpa nuestra, y, muy a regañadientes y por exigencia mía, nos dio otra habitación para mis estudiantes. Él pretendía que se quedaran en la misma habitación.

Si bien Francia es uno de mis destinos favoritos, he de reconocer que, al menos en el mundo del turismo, no es un país en el que te facilitan la vida. Y es que la flexibilidad y la comprensión no suelen ser cualidades destacables en este país… Así que como guía no queda más que aceptarlo, tener muy claras las necesidades de cada grupo y ser muy asertivos al exigirlas.

Foto de Provenza unsplash-logoLéonard Cotte

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