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MEDITERÁNEO. Crucero con sorpresa

 

Primer tour y primer crucero de mi vida. Empresa norteamericana me ofrece trabajar de guía en un tour cultural con estudiantes y profesores. 23 días por Europa en los que llegué un nivel de agotamiento, estrés, aventuras y diversión máximo.

Tras 3 semanas entre España, Francia e Italia, el viaje finalizaba con un crucero por las Islas Griegas. 

Mis compañeros me habían indicado que ese fin de tour en el crucero era una maravilla. Para algunos, y en especial para los guías, casi lo mejor del viaje.  Tanto por los sitios que se visitaban como por estar en un crucero. Y es que por fin todas las personas del grupo podríamos descansar y recuperar algo de sueño perdido con la intensidad de las semanas anteriores. 

En especial, esos 3 días solían ser un descanso para el guía. Tanto por dormir en una misma cama 3 noches seguidas, como por tener más tiempo libre. 

Salvo en algunos momentos puntuales en los que los guías nos teníamos que reunir con nuestros grupos, el resto del tiempo sólo debíamos estar localizables por si algo ocurría. Así que podíamos aprovechar para ponernos al día con el papeleo y cuentas del viaje, descansar, ver a otros compañeros, etc.

El primer día de crucero, tras la cena, pasé un rato en el camarote de una compañera y tomamos un par de vinos. Sobre la 1am me fui a mi habitación y me acosté. Los vinos, junto con el cansancio acumulado, ayudaron a que me durmiera enseguida. Supongo que contribuyó llevar varias semanas sin tomar nada de alcohol. Y que por primera vez en semanas no tenía que ponerme el despertador.

Estaba durmiendo plácidamente cuando sucedió lo inesperado: de repente sonó un teléfono con un tono que yo desconocía. Con el corazón en un puño encendí la luz y vi que en el camarote había un teléfono. Me sentí como en una película de Alfredo Landa al sorprenderme de tener teléfono en un camarote.

Atendí como pude la llamada que traía una sorpresa: era una llamada de recepción. Tras pedirme disculpas por despertarme, me pidieron ayuda. Habían visto a dos de mis estudiantes borrachas paseando por el crucero y tenían miedo de que al acostarse vomitaran y se ahogaran con su propio vómito. Querían llevarlas al servicio médico hasta que se recuperaran pero ellas se negaban.

En los cruceros se toman muy muy en serio la salud y bienestar de los pasajeros. De hecho, tienen la potestad de dejar en tierra a cualquier persona si el médico del crucero sospecha que alguien no está en condiciones adecuadas. 

Yo estaba tan dormida, con esos dos vinos encima y tan sorprendida por la situación, que ni siquiera tenía claro si había entendido bien lo que me decían por teléfono. Como pude me vestí, me lavé la cara y fui a recepción.

Allí me presentaron a la directora del crucero. Ella me explicó lo sucedido con más detalles. Al parecer, las estudiantes no querían decir su número de camarote, ni el de sus profesores, o guía. Pero el personal del crucero había escuchado hablar entre ellas y mencionar mi nombre en algún momento. Con esa información fue como pudieron contactarme. 

Serían ya cerca de las 3 mañana cuando me di cuenta de que la situación era la siguiente: sintiéndome muy extraña, me veía rastreando un crucero, junto con su directora, en busca de unas niñas borrachas. Subiendo escaleras, cogiendo ascensores, caminando por varios de los pasillos, etc.

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De repente vimos a lo lejos a los dos chicas con aspecto ebrio y me dice la directora.

—¡Son esas, son esas!—. Cuando nos acercamos a ellas se me quedaron mirando y una dijo:

— Yo nunca he visto esa mujer en mi vida—. Y yo contesté:

—Y yo a vosotras tampoco—.

La cara de la directora era un poema de sorpresa al darse cuenta del error. Me habían despertado y esas estudiantes no eran de mi grupo.

Las chicas acabaron confesando los nombres de sus profesores y guías y la tripulación se puso en contacto con ellos. Finalmente pudieron llevarlas al servicio médico hasta que se les pasara la borrachera.

Tras muchas disculpas, esa noche y al día siguiente, comencé a sentir un trato especial por parte de varias de las personas de la tripulación. Supongo que como disculpa por lo que había acontecido. Lo que hizo que mi disfrute aumentara en los siguientes dos días en los que pude admirar ese azul tan especial de ese mar Egeo. Me fascinaron también las islas que visité. 

Y una vez más se me hace cierto aquello de que en los tours puede pasar cualquier cosa en cualquier momento…Incluso mientras estás plácidamente durmiendo en un crucero.

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