AMSTERDAM. Kioscos con Sorpresa

 

Segundo año como guía por Europa. Tour de 23 días: España, Francia, Italia, Suiza, Holanda, Reino Unido. Me lesioné el pie a la semana de comenzar el viaje.

A punto estuve de cancelar el tour y pedir un guía de reemplazo. Pero, por múltiples motivos decidí continuar a pesar de que el médico me había recomendado reposo, iba con muletas, y llevaba el pie vendado. Tenía 2 de fracturas en el metatarso.

Era el año 2005 y todavía no había internet en los móviles ni wifi en muchos sitios. Lo que complicaba mucho la vida de los guías. Varias ciudades serían tan nuevas para mí como para el resto del grupo. Pero esto no debía notarse… Y para ello, yo me había estudiado bien los consejos de mis compañeros sobre cosas tipo: «Una vez que metes al grupo en el museo de Ana Frank (tras haberlo reservado, pagado entradas, etc.), busca un pequeñ quiosco que hay cerca. Es allí donde venden las entradas para el paseo en barco».

Seguí las explicaciones obedientemente y me dirigí, con mis muletas, en busca del quiosco. Lo vi enseguida y, dentro de él, a un hombre que suponía sería quien vendería las entradas.

Quise cerciorarme de que me dirigía al lugar adecuado, ya que no veía ningún cartel que tuviera información sobre paseos en barco, y me acerqué a él:

Excuse me, excuse me —Decía yo dirigiéndome al hombre. Este giró la cabeza para ver de dónde provenía la voz, salió del quiosco y me señaló enfrente. Ah, estupendo, era ahí donde podría comprarlas.

Amsterdam-wc

Tras adquirirlas, recogí al grupo a la salida del museo, caminé con ellos (y mis muletas) al barco y subimos todos a disfrutar el paseo que, por cierto, me encantó.

Amsterdam me había cautivado. Me sentía fascinada por la belleza y peculiaridad de esa ciudad. Sin embargo, debía poner cara de que no me sorprendía para no delatar mi falta de conocimiento de la ciudad. Estaba deleitándome con el pasaje cuando, de repente, me fijé en un quiosco similar al del señor del «excuse me» mío. Me fijé y vi que salía un hombre de él. 

Unos cuantos minutos después, vi una imagen similar y esta vez me fijé en los gestos. ¡Qué ataque de risa me dio! Los hombres dentro de esos quioscos, no vendían billetes para los barcos, sino que ¡hacían pis! ¡Eran urinarios! 

Fue uno de esos momentos en lo que te sientes tan cateta que decides querer seguir viajando y descubrir mundo.

Foto de Amsterdam

Share on facebook
Share on twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más historias

Delfi selfie

Grecia. ¿Cómo entro?

Grecia. Y ahora ¿cómo entro? Mi primer tour, 23 días, 24 ciudades, varios países…  ¡Qué valiente fue mi jefe de aquella época Jorge Traver ofreciéndome el famoso tour llamado El Mediterráneo!  A veces pienso que gracias a este “tour iniciático” me di

Continúa »
VERA_MALETA

Este blog te gustará si

Este blog te gustará si:           Si tienes interés por los viajes y por el turismo, este es tu blog Si quieres conocer la perspectiva de la persona a cargo de un grupo durante un viaje.

Continúa »

 ¿Quieres recibir Historias Viajeras semanales?

Search